domingo, 13 de marzo de 2016

HOY HE HABLADO CON LOS ÁRBOLES

Esta tarde estaba en la piscina recostado en la hierba, y miraba el movimiento de las hojas en la copa de un árbol muy alto, que se agitaban al ritmo de un viento suave. Lo miraba lleno de paz, escuchando el sonido que producían, como si oyera las olas del mar cuando llegan a descansar en la playa. Al cabo de un rato, mientras lo miraba, me pareció que al son de su movimiento el árbol se dirigía a mí, llamándome por mi nombre: ¡Guille! Dejé entonces de ver un fenómeno anónimo, natural y bonito, para encontrarme con un ser que era “alguien”, y que me llamaba agradecido por mirarlo, admirándome de que él se mostrara ante mí. Me pareció que en vez de hojas movidas por el viento estaba escuchando: Guille, Guille, Guille…

Entonces yo le contesté sin palabras, desde mi interior, con el sentir de mi corazón: ¡Gracias! Gracias por ser tan bello y por hablarme con el suave movimiento de tus ramas cargadas de hojas, que cambian sus tonos verdes con el frescor del viento que las acaricia. Él me contestó: “No me des las gracias Guille, te hablo porque tú me conoces y me llamas por mi nombre: Árbol, el que me puso Adán al darme forma. Por eso las gracias te las doy yo a ti”. No le contesté, porque sentí que entre los dos había nacido una relación de amor. Me bastaba con seguir mirándolo, mientras él dejaba de moverse, como si estuviera concentrado gozando de mi mirada.

Al cabo de un rato vi a mi derecha otro árbol de una especie distinta, con un verde más intenso y las hojas más grandes, que seguía agitándose con el viento, como hacía antes mi nuevo amigo. Entonces me pareció que me reprochaba: ¿Y a mí no me dices nada? No pude más que contestarle, sin palabras, que le quería también a él. En ese momento me di cuenta de que era Dios quien me hablaba a través de sus criaturas, y que al conocerlas “personalmente” reconocía su Don infinito, cargado de verdad de belleza y de amor.

Porque, efectivamente, mi Árbol existe por Él, como también mi inteligencia para conocerlo, mi voluntad para amarlo y mi sensibilidad para admirarlo. Entonces entendí que las gracias que le di al árbol eran gracias que le estaba dando a Dios, en quien no habría pensado si no hubiera sido por la intercesión de su hermosa criatura. Y también entendí los versículos de la carta de San Pablo a los romanos, en donde dice: “Pues sabemos que la creación entera a una gime y sufre dolores de parto hasta ahora. Y no sólo ella, sino que también nosotros mismos, que tenemos las primicias del Espíritu, aun nosotros mismos gemimos en nuestro interior, aguardando ansiosamente la adopción como hijos, la redención de nuestro cuerpo” (Rm. 8, 22-23). Estoy convencido de que hoy he vivido una hierofanía, y que después de esta espera ansiosa podré tomar una buena caña con mis dos nuevos amigos.

martes, 7 de enero de 2014

LA RELACIÓN OSMÓTICA ENTRE EL PILOTO Y EL HIDROAVIÓN


Después de la Navidad, este texto de Antoine de Saint-Exupéry en Terre des hommes puede inspirar nuestra vitalidad durante el 2014, considerando que la carga de poder del hidroavión es la figura retorica que se corresponde con la fuerza de la Gracia que deriva de la Encarnación:


   «Con el agua y con el aire entra en contacto el piloto que despega. Cuando los motores están embalados, cuando el aparato hiende ya el mar contra un duro chapoteo el casco suena como un gong, y el hombre puede seguir este trabajo en el estremecimiento de su cuerpo. Siente cómo el hidroavión se carga de poder, segundo a segundo, a medida que gana velocidad. Siente cómo se prepara en esas quince toneladas de materia la madurez que permite el vuelo. El piloto cierra las manos sobre los mandos, y poco a poco en sus palmas huecas recibe este poder como un don. Los órganos de metal de los mandos, a medida que se les concede este don, se convierten en mensajeros de su potencia. Cuando ésta se halla madura, con un movimiento más simple que el de coger algo, el piloto separa el avión de las aguas y lo instala en los aires».

   «Todo este lío de tubos y cables se ha tornado red de circulación. Yo soy un organismo extendido en el avión. El avión produce mi bienestar cuando giro un botón que calienta progresivamente mis ropas y mi oxígeno. Y es el avión quien me alimenta. Antes del vuelo, todo esto me resulta inhumano, pero ahora, amamantado por el avión mismo, experimento por él una especie de ternura filial».





viernes, 6 de diciembre de 2013

FELIZ NAVIDAD 2013

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O dying souls; behold your living spring!
O dazzled eyes! behold your Sun of grace!
Dull ears attend what word this Word doth bring!
Up, heavy hearts, with joy your Joy embrace!
From death, from dark, from deafness, from despairs,
This Life, this Litght, this Word, this Joy repairs.

                        Robert Southwell: The Nativity of Christ (s. XVI)

La inspiración de la Navidad: descarga AQUÍ

jueves, 24 de octubre de 2013

EL SABER SUPERIOR


¿Qué es lo que produce la Universidad? ¿La enseñanza superior es el tercer nivel de la pirámide educativa? ¿Mercece la pena invertir en la empresa universitaria?

Para ver la  respuesta a estas preguntas, en relación con el conflicto entre la UCLM y el Gobierno regional de Castilla-La Mancha, pincha AQUÍ.

lunes, 14 de octubre de 2013

Vive desprendido. Reglas para envejecer en paz

“Resiste tus impulsos primarios, prolonga tu vida, alcanza la perfección”, es el subtítulo del libro de Roger Rosenblatt: Reglas para envejecer.

Me he encontrado en este libro la equilibrada actitud de quién ha entendido el valor fugaz de la vida y consigue traducirlo a principios de conducta que favorecen la convivencia, a la vez que inspiran una fuerte dosis de realismo en el trato con los demás. La calmada tensión que refleja el libro, entre escepticismo y entusiasmo para alcanzar la perfección, es, a mi juicio, la proyección de un hondo conocimiento de sí mismo capaz de reconocer que ni nuestro origen ni nuestro destino está enteramente en nuestras manos.


Si quieres comprobarlo pincha      

                                             AQUÍ

domingo, 6 de octubre de 2013

martes, 24 de septiembre de 2013

Fumarse un puro





Yo creo que nadie jamás se ha fumado un puro con el empaque de Edward G. Robinson, nadie sostuvo jamás un veguero con esa elegancia criminal con que echaba humo entre los dedos.
Robinson bordaba todos los papeles pero el de gángster era su especialidad hasta el punto de que tenía una cara en libertad condicional, unos ojos en defensa propia y un rictus de cadena perpetua. Podías pedirle que hiciera cualquier cosa, de enamorado, de policía, de agente seguros, de marido panoli, pero lo pusieras donde lo pusieras siempre parecía que le faltaba el sombrero ladeado, el habano y la pistola, hasta el punto de que los gángsters de la prohibición empezaron a imitarlo a él, igual que cuando en los años setenta los capos se metían algodones en las mandíbulas y hablaban con la tracción ronca de Vito Corleone.
La mirada de Robinson era como el culo de Marilyn, el andar patizambo de John Wayne o el busto continental de Sofia Loren: un icono del cine. La sacaba encajonada entre el ropaje de unos párpados tristes y el almohadón morado de las ojeras, y asomaba como el cañón de un revólver, que más que mirar, parecía que apuntaba, que disparaba con ella. Más abajo se desplegaba una boca enorme, fea, piscícola, de labios extrañamente sensuales que sujetaban el puro con la lenta cadencia de las palabras prohibidas.
En Cayo Largo, Edward G. Robinson se fumó el habano más canalla del mundo desnudo en una bañera, como si fuese un cangrejo que hubiese salido un momento de la concha para tomar un baño. Y en la partida de cartas más larga y emocionante de la historia daba una lección no sólo de jugar al póquer sino de cómo fumarse un puro sin dejar apreciar por un segundo ni el brillo del farol ni la luz del mechero. Cada vez que veo esa película, El rey del juego, me sorprende el final del envite y se me queda la misma expresión estúpida que a Steve McQueen, algo entre la admiración y el desamparo, entre la maravilla y el luto.
Texto de David Torres