viernes, 1 de septiembre de 2017

Retos para un nuevo humanismo


Acto de Clausura de la IV Escuela de Humanidades, Metafísica y Mística “Fernando Rielo”. Retos para un nuevo humanismo. Pensamiento, Arte y Educación (21/07/2017)

Buenas tardes:

Comparezco ante Vds., a la vera de Mons. Manuel Sánchez, Obispo de Santander y compartiendo mesa con mis queridos amigos Juana Sánchez-Gey, directora de la Escuela y el Sr. D. Jesús Fernández, Presidente del Instituto ID de Misioneros Identes, debido a un contra-tiempo que ha impedido que el Jefe de Gabinete del Rector esté aquí para clausurar el Encuentro, como inicialmente estaba previsto.

Les ruego, por tanto, que se muestren benévolos con lo que, improvisadamente, les diré, con el programa de este Encuentro sobre Los retos de un nuevo humanismo recién leído, un tema que habrá sido abordado a la altura de su importancia y complejidad por todos Vds., y al que poco podré añadir a lo que aquí ya se haya dicho.

A mi modo de ver, el “humanismo” consiste en el encarrilarse del hombre y la mujer en un proceso orientado a la conquista de la propia identidad y a lograr el desvelamiento y la posesión del propio ser que, a diferencia del resto de las especies animales, no hemos recibido al completo. En otras especies los individuos están definidos de antemano por su condición específica, pues es evidente que ningún perro aspira más que a la “perrez”, y la “perrez” es lo que lo identifica sin residuo y da sentido a todo su comportamiento. Pero en el caso del hombre, el sujeto necesita conocer y seguir unas disciplinas, a las que denominamos “humanidades”, para poder alcanzar nuestra característica “humanidad”, porque aunque tengamos una experiencia cierta del “yo”, en ella no se agota lo que cada uno es, como lo demuestra la frenética e incesante actividad para alcanzar objetivos que apaguen nuestra inagotable ansia de felicidad, muy distinta al simple objetivo de estar satisfecho, que es lo propio del animal. Parece que el simple hecho de ser hombre o mujer no es suficiente para nosotros, como ser gato o perro sí lo es para los afortunados individuos de estas otras especies, tan animales como la nuestra.

Y creo que en el espíritu que anima a los Misionero Identes se encuentra la clave para alcanzar la plenitud que no encontramos en este mundo, como sí la encuentran los demás seres vivos que pueblan la Tierra. Esta clave consiste en el convencimiento de que el fondo del corazón humano comunica con un Origen trascendente de nuestro ser, que por ello recibe la calificación de lo sagrado, lo santo, el absoluto o fundamento, y que la progresiva fluidez e intensidad en esta comunicación es lo único capaz restaurar el déficit existencial de integridad que tanto nos azacana e inquieta. El humanismo se manifiesta, entonces, en un proceso temporal interno de liberación de nuestras adherencias al mundo en que vivimos, constitutivas de identidades ficticias, para dejar fluir sin restricción, en el núcleo de lo humano, la corriente de Amor Cósmico que está en el origen lo creado y de cada uno de nosotros. La consecución de la humanidad, consecuentemente, está a un nivel distinto de la consecución de la “perrez”, pues es paralela a la participación en la dinámica de un Don que lo fundamenta todo, cuyo modelo es Jesucristo, que nos abre cada día el regazo de un Padre común. En este regazo es donde desciframos nuestra auténtica identidad, y recibimos esa piedrecita blanca con un nombre nuevo grabado, el cual nadie conoce sino aquel que lo recibe (Ap. 2:17).

Solo me queda expresar mi agradecimiento a todos Vds. en nombre de la UIMP por su participación en este Encuentro, a su Director y al Secretario por promoverlo y organizarlo y a la Fundación Fernando Rielo por haberlo hecho posible. Espero que les haya aprovechado y que haya suscitado líneas de trabajo y de colaboración para el futuro, y que tengan la oportunidad de volver a este lugar privilegiado, enclavado en la Península de la Magdalena en Santander, para seguir compartiendo sus conocimientos y mejorarlos poniéndolos en común.


Procedemos a continuación a la entrega de sus merecidos DIPLOMAS y, con ello queda clausurado el Encuentro.

martes, 8 de agosto de 2017

Plataformas tecnológicas y "big data" aplicados a la medicina de precisión


Acto de clausura. Palacio de la Magdalena (Santander, 4/08/2017)

He sido  convocado, en sustitución del Rector, ausente hoy del Palacio de la Magdalena, para clausurar este importante encuentro sobrelas plataformas tecnológicas de apoyo a la investigación biomédica que conforman la Red de Recursos Biomoleculares y Bioinformáticos ProteoRed-ISCIII. Es él quien podría intervenir a la altura que merece este foro científico, no solo por su condición de Rector de la UIMP, sino por su cualificación académica e importante trabajo de investigación en la materia.
Pero aleatoriamente soy yo, en mi condición de Vice-Secretario General, quien vengo, revestido del color de la purpura, a despedirles en representación de la UIMP, ubicada en este entorno excepcional, en donde espero que les haya aprovechado su estancia, que hayan progresado en sus conocimientos y hayan podido abrir líneas de colaboración en el futuro.
Nada les puedo aportar desde el punto de vista científico a su objeto de estudio e investigación, pues mi dedicación es la Filosofía del Derecho, pero si les diré que en el pasado tuve la ocasión de estar en una Comisión de Evaluación de un proyecto presentado por un consorcio de instituciones académicas y de la industria farmacéutica, que aspiraba a obtener una cuantiosa financiación por la Comisión Europea, denominado BIOBANK, con características análogas a la cuestión que ha sido objeto de este encuentro en La Magdalena. Pero yo formaba parte del panel de evaluación, junto con otro colega, como Ethical Expert, lo que supuso una incómoda presencia entre los otros 8 científicos que formaban el panel de expertos, ya que mis intervenciones se reducían a preguntas que eran evidentes para todos, o a plantear objeciones “éticas” a sus avanzados objetivos “científicos”.
Y es que la vida es un objeto de investigación y conocimiento que no se aviene bien con las exigencias de rigor propias de la ciencia convencional, que aspira a desvelar las leyes universales que rigen los fenómenos del Cosmos físico. Si parece legítimo aspirar a conocer las leyes constantes que rigen el movimiento de los astros, la dinámica de los fluidos o las propiedades de la luz, la vida se resiste a desvelar el modelo abstracto que rige su forma de manifestarse. Contrariamente al “vitalismo”, inaugurado por Hans Dietrich, para quien la vida es un volátil posado en una porción de materia que produce su animación y que denominó entelquia, un término que, según el diccionario, solo existe en la imaginación y es una mera suposición refractaria al conocimiento científico,  hay que afirmar que la vida es un movimiento. Vita in motu dijo Aristóteles, y Vita viventibus est esse, el movimiento es el ser de los vivientes, según una peculiar autonomía en la dependencia que se sustrae de los procesos causales propias del mundo físico. Por eso, el conocimiento de la vida se escapa a la abstracción propia del conocimiento que aspira a establecer las leyes universales que rigen los fenómenos, pues la vida es el viviente y su conocimiento se desenvuelve según generalizaciones cuya validación no está asegurada como lo están las formulaciones universales propias del método físico-matemático. No se puede establecer universalmente el funcionamiento del hígado porque no existen dos hígados iguales, como sí es igual el goteo de un grifo mal cerrado. Esta peculiaridad de la vida como objeto de conocimiento no solo afecta al trabajo de los científicos, sino también a los cultivadores de las humanidades, y eminentemente a los juristas, pues si la vida es lo que, por su valor, el Derecho garantiza, el derecho fundamental a la vida debería formularse como un derecho fundamental del viviente a su propio organismo, y no como un supuesto derecho de un organismo vivo a su animación, basado la ficción vitalista. Consecuentemente, el entendimiento ajustado de la vida cambiaría el variado esquema de derechos que ahora se vinculan al grado de desarrollo del organismo, según la falaz distinción entre pre-embrión, embrión o, según exige el Código Civil para el reconocimiento de la condición de persona, “haberse producido el entero desprendimiento del seno materno”, unificándolo cabalmente en el viviente en cualquier fase de su crecimiento. Permítanme, debido a esta confusión con consecuencias nefastas para la protección de la vida, terminar esta breve intervención con el comentario que hace tiempo escuché a un afamado jurista, cuando dijo que “si es cierto que las leyes reflejan la sabiduría de un pueblo, también lo es que pueden manifestar su profunda estupidez”.

Tras esta breve reflexión, solo me queda agradecerles a todos su participación en este encuentro, a sus directores su organización y al Instituto de Salud Carlos III su contribución haciéndolo posible. A continuación, vamos a hacer entrega de sus merecidos diplomas y, con ello, queda clausurado el encuentro.

viernes, 28 de julio de 2017

Muerte, cenizas, resurrección


Inauguración de la XVIEscuela de Teología Karl Rahner-Hans Urs von Balthasar
Palacio de la Magdalena (Santander 24/07/2017)

“Muerte, cenizas, resurrección”

Buenos días,

Les doy la bienvenida a todos Vds. al Palacio de la Magdalena en nombre del Rector, en donde van a participar en este decimosexto encuentro que celebra la Escuela de Teología Karl Rahner-Hans Urs von Balthasar dentro del programa de verano de la UIMP, y que lleva por nombre “Muerte, cenizas, resurrección”.

Tiene la palabra el Sr. D. Ángel Cordobilla, director de la Escuela (…)

Muchas gracias por su intervención.

Celebro que me haya correspondido a mí representar al Rector Nombela, que a esta hora acompaña al Secretario de Estado de Educación, Formación Profesional y Universidades en la inauguración de otro Curso que se celebra en La Magdalena sobre la acreditación institucional de centros educativos y de investigación, motivo por el cual no ha podido estar aquí con nosotros.

Y lo celebro, no solo por ser una ocasión de volver a compartir mesa con su director, Angel Cordevilla, después del decimocuarto encuentro de la Escuela, que tuvo lugar hace dos veranos, sino también por la cuestión que es objeto de éste que comienza hoy: la muerte, y, en el orden teológico del saber, la resurrección, ya que ello me ha obligado a reflexionar y a renovar la conciencia de que voy a morir, un hecho que los modernos solemos olvidar en medio de la azacanada vida que llevamos.

Quidquid facies, réspice ad mortem. Cualquier cosa que hagas, contempla la muerte, dijo Séneca. Y parece que el memento mori, la consideración de la muerte, es lo que últimamente nos desvela el sentido de la vida.

Es evidente que si al morir me extingo, mi vida no es más que un acontecer trivial en la que yo no soy más que una sucesión de vivencias, con un origen y un final que están fuera de mi alcance, lo que convierte la experiencia que tengo de mí mismo en una mera ilusión. Decir Guillermo, en mi caso, tendría el mismo sentido que decir ¡hay! cuando me pillo un dedo al cerrar una puerta, según el lúcido análisis que hizo Wittgenstein en su Libro Azul.

Y no puede ser cierto, que el gozo que me produce la belleza del orden natural que gobierna el Cosmos, o la emoción que experimento por el amor que recibo, ni que mi admiración ante la profunda consistencia de lo real, no sea más que un chiste o una broma pesada.

Si desde el fondo, yo puedo medirme con la envergadura de lo real, en su inabarcable y original Verdad, Belleza y Bondad, por necesidad he de tener una consistencia que pueda establecerse en dualidad con el ser más radical, trascendiendo un principio y final meramente contingentes; y mis obras tener una potencial resonancia eterna que no sucumba ante la mordedura del tiempo.

Este es un Encuentro de pensadores cristianos, para quienes Jesucristo descifró, con su vida y su palabra, el sentido del dolor y de la muerte como tránsito a una vida nueva que podrá saciar nuestra ansia de plenitud. Les deseo que, reunidos en este entorno excepcional de la Península de la Magdalena, logren profundizar en el enigma de la muerte y que se susciten entre Vds. líneas de trabajo y de colaboración en el futuro. Por mi parte, termino repitiendo la última estrofa de la Carta que Juan Rufo escribió a su hijo siendo muy niño:

La vida es largo morir
y el morir, fin de la muerte;
procura morir de suerte
que comiences a vivir.



Con ello, queda inaugurada la decimosexta edición de la Escuela de Teología Karl Rahner-Hans Urs von Balthasar.

TESTIMONIO SOBRE LEONARDO POLO


Difícilmente puedo escribir un testimonio que esté a la altura de una persona que, sin apenas haberla tratado personalmente, intuitivamente y sin datos precisos considero un ejemplo de vida, un maestro y también un hombre de Dios. Por consiguiente, lo que digo a continuación no tiene otro valor que contar, a vuelapluma y con sincera espontaneidad, lo que el Prof. Don Leonardo Polo significa para mí. El mero hecho de acceder a testimoniar sobre el Prof. Polo en estas pobres condiciones señala la medida de mi admiración por su persona y su obra.

Conocí a Polo durante los años 1977 y 1978, cuando venía de paso al Colegio Mayor Montalbán y los residentes aprovechábamos para tener un encuentro dialogado con él después de cenar. Una de las mejores noticias que podía recibir en aquellos años era que ¡esta noche hay tertulia con Don Leonardo! Yo no podía de ninguna forma perdérmela, porque desde la primera en la que estuve, su presencia -para mí muy grave, pero desenfadada a la vez- y la luz que encendían en mi interior sus palabras, tanto en comprensión de los temas que se abordaban, como en entusiasmo, no era comparable a nada, ni siquiera a las extraordinarias pláticas de Don José Benito en la capilla del Colegio. Además, las tertulias con él siempre estaban salpicadas de carcajadas, sobre todo cuando iban llegando al final, y para mí era impresionante ver a esa figura con tanta autoridad moral desternillarse de risa. Ahora, pasados los años, estoy convencido de que él disfrutaba tanto en esos encuentros con nosotros, no tanto por que por lo que contaba a unos pelanas, sino por el mero hecho de estar con un grupo de jóvenes con el corazón abierto a la Verdad, a la que él sirvió humildemente, pero como un coloso, toda su vida. En encuentros académicos en los que más adelante coincidí con él como ponente apreciaba que su rigor intelectual no se avenía bien con la admiración que recibía por sus conquistas teóricas. Polo era un auténtico siervo de la Verdad, con afición a “ocultarse y desaparecer”.

Después de este rastro que Polo dejó en mí, durante mi carrera académica en el ámbito de la Filosofía del Derecho, siempre que tuve ocasión, acudía a escucharle y, en la medida de lo posible, a hacerle alguna pregunta si le pillaba entre una y otra conversación con la gente, ya que en el ámbito académico Polo siempre ha sido una celebridad. Me acuerdo que cuando estaba estudiando el tema de la autonomía moral individual le asalté con una rápida pregunta sobre Kant por algún pasillo, y, volviéndose, me dijo que la autonomía de Kant “era un churro”. En otra ocasión le pregunté sobre alguna fuente consistente para conocer la filosofía analítica inglesa, en la que andaba bastante perdido con sus alambicales razonamientos, y me dijo que leyera a Anscombe: “esa sí que los conoce bien”. Desde entonces ya no me separé de ella, aunque seguí tan alambicado como antes, pero con la seguridad de que ya no estaba perdiendo el tiempo. Ja. Una vez le escribí una carta, por si podía enviarme un escrito suyo no publicado, a la que recibí una muy amable contestación con el escrito que le pedía. Disfruté mucho leyéndolo porque eran unos apuntes de algún oyente de sus clases, corregidos con su letra minúscula, escrita con pluma de trazo gordo.

Mi último encuentro fue, hace pocos años, en el IESE de Madrid, donde tuve la suerte de almorzar con él y otros comensales en la misma mesa. Me marché encantado de haber vuelto a coincidir con mi “maestro a distancia”, ya que no tuve la suerte de ser, como se diría ahora, alumno suyo “presencial”. En ese mismo encuentro me impresionó el abrazo que se dio con Jacinto Choza, otro pensador que conozco y admiro, por su cercanía en el trato y la envergadura teórica de sus escritos. Ese acto manifestó para mí una amistad abismal, como pocas veces he visto o experimentado en mi vida.

Mi admiración por el Prof. Polo se convierte en veneración si tengo que referirme a sus escritos. Debido a mi especialidad, no me he dedicado full time a penetrar en el núcleo de su pensamiento filosófico, un empeño que creo apto sólo para quienes son filósofos de raza, ni tampoco ejercido su método de abandono del límite mental, que para mí podría asemejarse a alcanzar un estado místico. Pero sí le he dedicado tiempo a estudiar sus observaciones sobre cuestiones que directamente afectan a mi disciplina, como por ejemplo el “derecho fundamental a la vida”. Después de estudiar sus escritos sobre la vida, he podido proponer su adecuada formulación como un “derecho fundamental del viviente a su propio organismo”, lo cual echa por tierra todas las argumentaciones que justifican un trato jurídico desigual del nasciturus según las etapas del desarrollo desde que es concebido. O su calificación como “socialista con tendencia individualista” de John Rawls, invirtiendo así la convicción de la generalidad de la academia, que lo considera el referente actual del debate liberal sobre la Justicia.

Fui a su funeral en Madrid, en el oratorio Caballero de Gracia, para unirme a la oración por su alma y encontrarme con mis amigos “polianos”, pero asistía convencido de que estaba en un flipped context, usando la denominación de la educación más avanzada, en el que era él quien intercedía por nosotros, porque tengo una certeza interior de que falleció con un pasaporte para el Paraíso. Por eso me referí al principio de este testimonio a “lo que Polo significa para mí” en vez de “lo que significó”, porque este hombre sigue presente en mi vida, no sólo a través de sus escritos, sino como devoto suyo, en cuyas manos suelo poner mi comprensión de los textos crípticos de los que a veces me tengo que ocupar, y que, por mucho los fatigue, no alcanzo a entender del todo bien.

sábado, 28 de enero de 2017

EL AMOR MATRIMONIAL


¡Qué deplorable es la pasión humana cuando intenta ser como Dios!, cuando trata al ser amado como si lo hubiera sacado de la nada, usurpando y ejerciendo sobre él los derechos del Creador. Cuando amamos así, no sólo queremos ser Dios para el objeto de nuestro amor, sino que además pretendemos que él sea Dios para nosotros. Más exactamente —y ahí radica el espantoso equívoco de la idolatría— le exigimos, por una parte, que nos trate como a un Dios, es decir, con el culto absoluto y exclusivo que únicamente se debe al Ser supremo (y esto sin preocuparnos lo más mínimo de los fallos en el papel divino que pretendemos interpretar), y, por otra parte, que sea verdaderamente Dios para nosotros, es decir, que posea realmente todas las perfecciones que nos faltan: plenitud, inmutabilidad, pureza, paciencia y comprensión infinitas, etc. Como es natural, la decepción surge al instante, total y recíproca.

Damos un gran paso en el camino del verdadero amor el día en que aceptamos que no somos Dios para el ser amado y en que le perdonamos que no sea un Dios para nosotros. Queda entonces —en lugar de dos idolatrías contradictorias, la del yo y la del tú, de las que una pretendía configurarlo todo y la otra recibirlo todo— la unión de dos indigencias y de dos anhelos, la fusión de dos seres imperfectos en un idéntico impulso hacia la misma perfección sobrenatural. Se vuelve así al mito inagotable del Banquete: el amor, hijo de Poros y de Penia, despliega todo el ardor, toda la habilidad que ha heredado de su padre para consolar la miseria que le ha legado su madre; ya no se trata de la unión de dos falsos dioses, sino del matrimonio de dos verdaderos mendigos que, con las manos entrelazadas, esperan el don gratuito que les llega desde un Cielo inaccesible.

Gustave Thibon: Nuestra mirada ciega ante la Luz.

lunes, 23 de enero de 2017

EL SENTIDO DE LA NAVIDAD


    Intentaré resumir el contenido de los siete artículos que publicó Cesar Nombela en el periódico ABC con ocasión de las fiestas navideñas, los años 2006, 2007, 2008, 2009, 2011 2013 y 2016, en las secciones “Dimes y diretes”, “Al día”, “Análisis” y "Kiosko y Más", con los títulos:

2006: Madrid navideño
2007: Luz
2008: Nacer, vivir, renacer
2009: Promesa cumplida
2011: Renacer de la esperanza
2013: Misterio liberador
2016: Navidad, noticia y mensaje

En ellos se sostienen las tesis que formulo a continuación. Entre paréntesis figura el año del artículo que se cita.

1.- El fondo de cada ser humano consiste en una pregunta radical e insistente (2008) sobre su propia existencia, que no recibe respuesta plena con la identidad individual y colectiva que vamos construyendo durante nuestras vidas. Por eso, el sentido último de la vida es un misterio (2008) que no se alcanza a descifrar.

2.- La razón no tiene capacidad de poseer la realidad total (2011), y por eso su ejercicio se fundamenta siempre en una creencia. Para la ciencia este axioma máximo (2007) es que la realidad no trasciende la materia y se agota en ella. Consecuentemente, el único método para alcanzar la verdad es la experimentación, o, en la vida diaria, alcanzar el grado más alto de satisfacción que sea posible mientras ésta dure.

3.- Esta creencia no resuelve el misterio de nuestra vida, que está hecha de ansias de infinito (2011). Para ello es necesario ampliar el alcance de la razón (2007), y acceder a una dimensión trascendente de la realidad que encuentre correspondencia con nuestra verdad íntima (2011): “somos parte de una realidad abierta a la trascendencia” (2009). La razón es instrumental en el despliegue de nuestra vida en un Cosmos inmanente, frente al potencial del corazón (2013) que clama por la aclaración de su Origen y por “encontrarse con el Absoluto que le justifica y libera” (2013).

4.- Se propone como alternativa la creencia en Jesús, el hombre-Dios que nació en Belén en el instante eterno (2006), quien con su vida y su palabra nos revela esa realidad sobrenatural -trascendente al mundo-, que cambia el sentido de la historia y de nuestras vidas (2007) si nos unimos a Él, pues nos revela nuestra condición de hijos de un Padre eterno, frente a las inhóspitas indagaciones de la ciencia (2009) y la superficialidad de una vida exclusivamente regida por la razón instrumental. Esta alternativa implica “la proclamación del amor como sentido y razón de nuestra existencia” (2007).

5.- A estas proposiciones se siguen los siguientes corolarios si se opta por el nuevo sistema de creencias que celebra la Navidad:

a) El de la esperanza: “Navidad de la esperanza en la liberación (…) de todo lo que le ata, de fuera y de dentro. Naturaleza transfigurada (…)” (2006).
b) El de “una Humanidad que comparte un destino común (…) al aceptarnos parte de una creación que puede ser redimida” (2008), pues “la lógica del amor a todo hombre que viene a este mundo cobra su verdadero fundamento” (2011).
c) El de la necesidad de seguir a Jesús: “su camino, su vida, su verdad se tornaron en camino, verdad y vida para nosotros” (2011).
d) El de un nuevo sentido de la experimentación, porque “buscar la verdad es comenzar a encontrarla” (2011) y “en esa búsqueda está ya el comienzo del hallazgo” (2008).
e) El de un nuevo sentido del tiempo, inaugurado con el nacimiento de Jesús en el “instante eterno” (vid. supra), que convierte el instante fugaz entre el antes y el después en el que se despliega nuestra vida caduca, en un pausado presente con resonancia eterna.